La vestimenta y sus usos marcan la vida cotidiana, aunque a veces no sean totalmente visibles. Este es el caso de la ropa interior como el fustán, la enagua, el bombasí y el fondo de tela transparente que llevaba un pequeño encaje al final (recuerdo que así lo usaba mi abuela). Una palabra que abarca totalmente la posición que ocupan estos accesorios es debajero.
El miriñaque o meriñaque, el polisón y la crinolina servían para abultar los vestidos; su fabricación implicaba el uso de diversas telas, cintas, fibras e incluso metales para que pudieran sostenerse.
Las pinturas de épocas pasadas nos muestran damas con ajustados corpiños y una pequeña cintura gracias al corsé y también al cubrecorsé que iba encima. Ponerse esta prenda era causa de sufrimiento para muchas mujeres que contenían la respiración mientras otra tensaba las cintas que van en la parte posterior.
De este accesorio femenino, también denominado corselete, se derivan dos verbos que también remiten a un pensamiento limitado como encorsetar y encorselar. Fue tal su importancia que había una tienda específica para su fabricación y venta denominada corsetería, donde el corsetero ofrecía su mercancía según las tallas y gustos de las clientas.
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Ropa y accesorios con personalidad



























