Las vasijas hechas con elementos naturales tal vez no tienen la sofisticación y renombre que posee un cristal de Bohemia, sin embargo, cumplen funciones prácticas y son amigables con el ambiente por ser biodegradables.
Su uso se remonta a siglos años atrás y la planta de calabazo, ayotera o pipián es ideal para su fabricación: después de que se seca, se limpia para crear recipientes con diversas formas y funciones dentro de la cotidianidad de las zonas rurales, por ejemplo, el cuchumbo es una calabaza alargada donde los campesinos hondureños cargan agua; la camaza es propia de Venezuela y Nicaragua, es grande y redonda, bien puede servir para recoger el maíz que se muele o para echar los granos que se van a sembrar en el conuco.
El listado de vasijas elaboradas con plantas cucurbitáceas es amplio e incluye nombres como nambira, tocomate o tecomate, zumbo, bule, porongo o tarralí, que tienen recipientes con distintos usos.
El taparo, totumo o jícaro es utilizado para hacer totumas, las redondas se usan como platos y las pequeñas de tazas; en México, el fruto de este árbol se convierte en una jícara para servir el humeante chocolate que inunda todo el espacio con su aroma y también nos aporta otras palabras valiosas como jicarero, usado para quien elabora estos recipientes, jicaral para el sembradío, jicarería para el lugar donde se venden y jicarazo para el golpe recibido con dicha vasija.
Por último, en República Dominicana, la corteza leñosa del gachumbo o cachumbo es la materia prima para hacer tazas y otros utensilios.
El equipo de Palabras en Juego les invita a releer…



























