El Mundial de las tres lenguas

El balón ya rueda en Norteamérica. México, Estados Unidos y Canadá comparten el honor de albergar la cita deportiva más grande del planeta. Para quienes vivimos fascinados por las palabras, este Mundial tiene un encanto adicional: es un torneo trilingüe. Pero la riqueza no solo está en las lenguas oficiales de las sedes, sino en el festín de vocabulario que nos regala cada transmisión en nuestro idioma.

Empecemos por el nombre del juego. ¿Cómo le llamamos al deporte rey? En España y gran parte de Sudamérica decimos fútbol (palabra llana o grave), pero basta cruzar a México —uno de los anfitriones— para escuchar futbol, con acentuación aguda, tal como la registraron originalmente los hispanohablantes al oír el football inglés. Y, por supuesto, también tenemos el equivalente castizo y literal: el balompié, y lo perteneciente o relativo a este deporte es balompédico y futbolero. Este último también es sustantivo y se trata de la persona aficionada al fútbol o que lo práctica.

Es innegable que los inventores de este deporte nos dejaron una herencia inglesa profunda. El diccionario ha terminado por aceptar préstamos que hoy usamos con total naturalidad: el córner, el penalti (penal, en Argentina), el chut (la acción de chutar), o la figura del míster para referirse al entrenador. Sin embargo, frente al pragmatismo de otros idiomas, los narradores hispanos transforman un simple partido en una verdadera epopeya poética.

Pensemos en el portero, quien defiende la portería. No es un simple jugador; es un arquero, un término que evoca a aquel combatiente antiguo armado con arco y flechas, listo para proteger su territorio. La lírica deportiva también lo eleva a cancerbero, en alusión al mítico y fiero perro de tres cabezas (Cerbero) que vigilaba las puertas del inframundo.

La defensa del campo tampoco se queda atrás. Atrás se planta el zaguero, escoltado por el carrilero, ese jugador inagotable que sube y baja por los carriles laterales de la cancha.

Del otro lado, en el ataque, toda selección tiene a su referente, esa figura central que, como bien señala el Diccionario de la lengua española, sirve como modelo a seguir dentro y fuera de la cancha. Y cuando un jugador ataca, si embiste con fuerza, se le llama ariete, nombre tomado de la antigua máquina militar usada para derribar murallas.

La definición frente a la red también tiene su glosario ilustre. No se habla de un simple cabezazo o un tiro fuerte; el relato exige un contundente testarazo (de testa, cabeza), un cañonazo o un fiero trallazo (un disparo que lleva la violencia de una tralla o látigo), buscando colar el balón directo en la escuadra, ese rincón imposible donde se unen los postes.

En el centro de este caos, dando la instrucción y poniendo orden, corre el árbitro. La jerga deportiva nos permite llamarlo nazareno (por el antiguo uniforme morado, similar al de los penitentes) o trencilla, recordando los cordones entrelazados que adornaban su indumentaria.

Mientras las tres naciones anfitrionas nos regalan un torneo lleno de contrastes, la narrativa deportiva nos recuerda que el balompié es mucho más que once personas persiguiendo una pelota: es una historia épica que se cuenta en tiempo real, donde cada palabra tiene el peso de una leyenda.


Palabras en Juego les invita a releer…

“Lexicón” futbolero

Gentilicios futboleros

¿”Football”, futbol o fútbol?

Deportivamente hablando

Campeonar, golero, magiar

Autor: Mikel Anzola

Pesquisidor de datos curiosos, polígloto apasionado de los idiomas, en especial del español, y en los tiempos libres productor de radio y televisión.

1 pensamiento en “El Mundial de las tres lenguas

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