Cara de póquer

Con motivo del Día Mundial del Scrabble, el 13 de abril, hoy queremos reflexionar sobre la herramienta que debemos pulir para ser mejores jugadores: la psicología del juego.

Nuestras prioridades iniciales para competir en este deporte mental son, por supuesto, aprendernos las palabras cortas (de dos y de tres letras) -que nos ayudan a engancharnos con las palabras colocadas en el tablero-, sacar el mejor provecho posible de las casillas de bonificación y al mismo tiempo obtener la mejor puntuación de las letras de alto valor, e intentar tener una buena cantidad de palabras en la memoria para ser más competitivos.

Una vez que cubrimos este aprendizaje, necesitamos dominar el aspecto psicológico. Como en todo juego de mesa o en cualquier deporte de la mente hay implicaciones corporales intrínsecas que a veces son notorias en el desarrollo de una partida de Scrabble y no las tomamos en cuenta porque estamos enfocados esencialmente en el tablero.

Estas expresiones a veces involuntarias pueden obrar en nuestra contra. Una buena táctica a la hora de jugar resulta, sin duda, tener cara de póquer (o de póker): este término literalmente se usa para decir que no se sabe lo que un jugador podría estar pensando o lo que quiere hacer.

Mirando su rostro inexpresivo no podríamos adivinar ni acciones ni intenciones. Lo mejor es mostrarse impasible, no manifestar con la cara o gestos el estado de nuestro atril, no demostrar alegría cuando tenemos una excelente carga de letras o poner cara triste o de molestia por tener una selección terrible.

De igual modo en las partidas, por regla natural, lo mejor es estar callados, primeramente porque es una manera de ofrecer respeto a nuestro rival -no perturbando su concentración- y luego porque no se debe entregar información a nuestro oponente: así hayamos sacado de la bolsa las cinco úes en el mismo turno, lo mejor es quedarse silente y relajado.

FOTO CORTESÍA DE: CURRO DE LA TORRE

Author: Itser González

Orgullosamente venezolano. Ingeniero de profesión, sociólogo de corazón y juglar en construcción. Apasionado de la conducta humana y ciego amante de las palabras.

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