Un cuento feliz

Quiero relatar la historia de un jeliz que tomaba jerez que guardaba en un belez.

Él recorría el alfoz donde había mucho aljez y también almez. Apretando su arriaz, a la frecuencia de un hertz, de manera audaz enfrentó a un atroz y agraz individuo que lo esperaba debajo del alfiz, para arrebatarle su cáliz y también su bifaz, que había encontrado en sus excavaciones en las cercanías del proíz.

Fue un combate feroz, más no así fugaz, sobre aquel terreno feraz. El atacante en cuestión tenía un matiz de memez y su musculatura denotaba mollez por no haberse ejercitado bien en su niñez.

En medio de la lucha fueron a dar al pajuz. Vencido el atacante fue presentado ante el hafiz del habiz, que sostenía en sus manos enguantadas un halcón recién salido de su pollez y que presentaba en una de sus alas una profunda hamez.

El hafiz quedose mirando con cierta mudez al atacante, de pronunciada nariz y presentando en su rostro cierta rojez por la presencia de una variz; miró con aprensión los cadáveres del arroaz y del lataz, que aquel transportaba en un saco.

Al ser conminado a identificarse, el atacante, quien se cubría con un capuz, alegó ser un papaz de paso veloz por esas tierras.

El hafiz les invitó a compartir sus alimentos, de esa manera esperaba obtener más información acerca de los viajeros. Les comentó que era conveniente alimentarse bien para, estando ellos en la ternez*, llegar sanos a la vejez. Con sumo cuidado extrajo dátiles de un cafiz y con un lápiz apuntó lo extraído en una libreta, demostrando así vivez sin ñoñez en sus actuaciones. El atacante, con suma codez, se abalanzó sobre los dátiles, alegando que desde rapaz era muy voraz.

Quisieron ver los objetos que comerciaba el jeliz y este de manera cordial les mostró: un cahíz de legumbres, un cobez, un pequeño tamiz y, bajo el telliz de su alazán, una brillante foluz.

El jeliz, en forma tenaz, insistió en irse para comprar el tapiz que debía llevar a su cliente que lo esperaba cerca del socaz.

El atacante dicaz, de manera vivaz, se ofreció para acompañarle y poder vender de refez, su mercancía al futuro comprador y pronunció un jofor: «un manto de cazuz y de piedra pómez cubrirá el alhoz de un mal cariz precisarás de compañía para tu viaje».

Al oír tal ofrecimiento el hafiz le ripostó que no era sagaz y que más bien le parecía rahez y salaz (por la forma como miraba a las mujeres que caminaban cerca); que no era veraz, antes bien, falaz, que no estaba nada bien tratar de hacer esa chapuz al comprador del jeliz.

Cuando se despidió de ellos, el hafiz, a sovoz, conminó al supuesto papaz a no ser minaz, que su acción contra el jeliz denotó bajez y le hacía ver como un rafez, que agarrara su veliz y se dedicara al trabajo honrado para llegar a tener lo necesario sin llegar a la llenez, lo que le produciría solaz. Además, le reprendió por su burrez al menospreciar al jeliz quien no presentaba signo alguno de chochez.

He sido capaz de redactar este cuento feliz.

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* EL TEXTO ORIGINAL, PUBLICADO EN 2006, TENÍA AQUÍ EL SUSTANTIVO “CANEZ”, QUE POSTERIORMENTE FUE RETIRADO DEL DICCIONARIO. TODAS LAS PALABRAS EN AZUL SON VÁLIDAS Y VARIAS DE ELLAS EN DESUSO.

Algunos de estos vocablos han sido presentados por Itser González en los siguientes artículos:

Codorniz, perdiz y chochaperdiz

El tajalápiz

Veliz o velís

Author: Violeta Verde

Educadora a tiempo completo, con abuelazón permanente. Aficionada a los rompecabezas, a los viajes y a jugar Scrabble en todas sus modalidades, con preferencia por la Duplicada.

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