Nuestra hermosa amiga Marcela Alarcón es la autora de este relato ficticio que nos emociona porque refleja con mucha precisión los lazos de amistad y familia en torno al juego de las palabras cruzadas.
Psicóloga de profesión, Marcela vive en Chile, es hermana del campeón nacional 2024, Rodrigo Alarcón, y ambos son hijos de otra encantadora jugadora de Costa Rica, Ana Mondrus.
Gracias, Marcela, por esta colaboración para Lexicuentos.
La primera partida de torneo que jugué fue en el Mundial de Panamá. Me tocó contra una cubana que andaba con su hijo. Ella vivía en Chile y el hijo en México. Panamá era el lugar de encuentro.
Nuestra historia era similar: yo también estaba acompañando a mi madre, ella venía de España y yo de Argentina.
Esta primera partida la perdí y en el café nos quedamos conversando animadamente los cuatro y el hijo nos contó que era profesor universitario.
Como en Panamá hace mucho calor, este joven estaba abriendo las ventanas mientras cantaba un son cubano y le comenté qué bien cantaba.
Nos contó que, siendo profesor universitario, en México cantaba en el metro, porque no le habían reconocido su título aún. Le debía ir bastante bien, ya que tenía muy buena voz y ritmo.
Justo después de este intercambio me tocó jugar con él. La primera palabra que puse en el tablero fue JUGAR; era una palabra graciosa y simbólica y además me daba bastante puntaje. Algo avanzado el juego completa la palabra y pone CONJUGAR, usando el triple de palabra. Fue un golpe “escrablístico” y poético: un profesor universitario que abría las ventanas cantando y componía las ventajas jugando.
Cuando terminó el torneo había una fiesta y participamos muy animados. Nuestras madres quisieron acostarse temprano y nosotros nos quedamos disfrutando. Yo tenía muchas ganas de bailar salsa, pero no me atrevía mucho a proponerlo, hasta que la música nos atrapó. Bailé salsa con el cubano, obviamente él tenía mucho más ritmo que yo, que más bien parecía que estaba bailando tango. Pero nos divertimos mucho.
Al día siguiente terminaba el torneo y yo estaba triste porque me despediría de este chico y mucha gente encantadora que había conocido, pero al día siguiente nos cuentan que ellos se quedarán unos días más para recorrer, así que nos sumamos y nos dedicamos a pasar el resto de los días conociendo Panamá, compartiendo con la madre y su hijo cubano y se nos sumaron otras colombianas, chilenos y mexicanos que cantaban rancheras.
Conocimos muchos lugares geniales: hoteles de maderas preciosas al otro lado del canal, alimentamos monos que se subían a nuestros botes y aprendimos la migración de los animales entre Norte y Suramérica, desde mamuts hasta pequeñas ranitas pasando por el istmo de Panamá.
Llegó el día que cada uno se tenía que volver a su propio país. Fue una despedida triste y a la vez nos sentimos contentos de habernos conocido, con la esperanza de encontrarnos en un próximo encuentro.
He seguido participando en otros torneos, siempre acompañada de mi madre. Una de las cosas que más me ha llamado la atención son las combinaciones de nacionalidades: jugadores venezolanos representando a Chile y Argentina, mexicanos o cubanos jugando por Estados Unidos, chilenos jugando por Costa Rica, jugadores con padre y madre de distintas nacionalidades. Japoneses compartiendo con colombianos y franceses. Familias unidas provenientes de países distintos que se juntan para jugar y compartir. Y siempre con la esperanza de volvernos a encontrar en otro torneo, aunque nunca los he vuelto a ver.
Hasta que este año fuimos a México a un nuevo torneo. Tomamos el metro, y de pronto escuchamos un son cubano…
Lexicuentos es una iniciativa de Palabras en Juego para fomentar la escritura de historias en torno al juego de las palabras cruzadas.


























