Hoy les compartimos una hermosa historia de la iniciativa Lexicuentos. Su autor, Miguel C. Muñoz Feliu, es bibliotecario, docente universitario e investigador, con una amplia experiencia en gestión cultural. Miembro del Club de Scrabble Zajarí de València, ha participado en varios campeonatos nacionales de España, en los Campeonatos Europeos de Ginebra (2019), Castellón de la Plana (2023) y Murcia (2025), y en el XXVI Campeonato Mundial de Scrabble en Español en Granada (2024). Es autor de múltiples publicaciones y, recientemente, ha puesto en marcha el proyecto Jugar a Scrabble.
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Tras su divorcio, se diría que solo vivía para este juego. Cuando no estaba conectado a ReDeLetras o a Scrabble Go, estaba confeccionando y estudiando listas de palabras.
Fue en el aeropuerto camino del Mundial donde la vio. Era la misma jugadora que lo había abatido en la final de hacía seis años, privándole de los laureles del triunfo y de esa línea en Wikipedia que lo hubiera consagrado entre los grandes. Ambos iban solos. Ella se acercó a saludarlo y hablaron brevemente. Sabía muy poco de ella, su nombre y que eran del mismo país. Por su aspecto, debían de tener una edad parecida. Tenía que reconocer que era guapa y que parecía simpática.
Durante el Mundial no volvió a coincidir con ella ni en los tableros ni fuera de ellos. Como un ermitaño de las letras, pasaba el poco tiempo libre del torneo centrado en el estudio y en el repaso de palabras y jugadas. Apenas salía de su habitación y comía y cenaba solo. Tampoco se unió a las excursiones organizadas para conocer la ciudad sede del torneo, ni se sumó a fiestas o karaokes. No quería descentrarse.
Y llegó la vigésimo cuarta partida, la decisiva, de donde saldría el ganador de este Mundial. Y allí estaba ella, frente a él. No había ya ningún otro rival. El neozelandés imbatido que había reinado durante casi un lustro no había venido este año. Se decía que estaba preparando su debut en el circuito alemán.
Estaba contento, exultante. La partida iba bien, muy bien. Su rival tenía 110 puntos menos y siete letras en el atril. A él solo le quedaba una ficha, el último comodín. La bolsa estaba ya vacía. Ella solo disponía de dos minutos. Esta vez la victoria no se le podía escapar.
Repasó las letras que ella tendría. Dos vocales (dos íes) y cinco consonantes (la X, la C, la P, la T y la L). Comenzó a anagramar y, de pronto, vio E-XPLÍCIT-O y E-XPLÍCIT-A. Un escalofrío recorrió su cuerpo.
Hacía seis años había perdido la partida decisiva con esta misma rival por un solo punto, cuando ella puso ÍNCIPIT, una palabra que no olvidaría: “en las descripciones bibliográficas, primeras palabras de un escrito o de un impreso antiguo”. Una palabra singular que ella seguramente habría aprendido por esas tres íes repetidas, aunque luego le dijeron que ella trabajaba en una biblioteca con fondos antiguos y quizás la conociera por motivos profesionales.
¿Le iba a “robar” el triunfo otra vez? Repasó el tablero, mientras su rival removía las fichas de su atril. Estaba muy cerrado. Había una E aprovechable, pero no había ninguna A, ni ninguna O para poder poner EXPLÍCITO o EXPLÍCITA. Solo podría poner un Scrabble de ocho letras en la fila superior aprovechando la E de A4 y enganchando también URO con la P en A6, pero no parecía haber ningún pleno con esas letras.
Respiró aliviado. Recuperó el ánimo y la sonrisa. Se veía campeón del mundo, mientras el reloj de su rival, inexorable, avanzaba. Y, de pronto, en sus últimos 20 segundos, ella colocó ÉXPLICIT.
¡Qué desesperada debe estar! No la puedo culpar, era su último cartucho. Impugnó la palabra, pero el Lexicón y el árbitro dijeron: “VÁLIDA”. Eran 110 puntos. Habían empatado. Durante unos segundos se vio compartiendo el título y el trofeo. Pero su rival lo sacó pronto de su error:
-Son 116 puntos. Hay que sumar también los seis puntos de PURO.
Miró el tablero y estuvo a punto de voltearlo. Pero se contuvo. Fijando sus ojos en los de ella le espetó:
-¿Y qué coño quiere decir “EXPLICIT”?
Ella, sin perder la calma y con una sonrisa beatífica, le respondió:
–ÉXPLICIT. Es esdrújula.
Luego añadió:
-Son las últimas palabras de un escrito o impreso antiguo. Es una palabra que conozco por mi profesión como bibliotecaria.
Veinte horas después iba de vuelta a casa. Estaba sentado con sus apuntes y sus listados, que puso en el asiento contiguo que seguía vacío. El avión no despegaba. Un pasajero llegaba tarde. ¡Vaya! Era la nueva campeona del mundo del Scrabble en español y justo se sentó a su lado. Retiró sus apuntes y ella le sonrió.
– Campeona y subcampeón volando juntos, dijo ella. Por cierto, creo que nunca nos han presentado formalmente. Me llamo Vida.
– ¡Qué nombre más curioso!, dijo él.
– Mis padres se llamaban Angustias y Modesto. Quisieron poner a su hija un nombre muy diferente al suyo. Un nombre optimista.
Durante tres horas hablaron de ellos y de sus orígenes. De sus gustos y aficiones. Vivían a poco más de 10 kilómetros uno del otro. Al aterrizar se intercambiaron los teléfonos y quedaron en verse ese mismo fin de semana. Para jugar al Scrabble y para lo que surgiera…
Lexicuentos es una iniciativa de Palabras en Juego para fomentar la escritura de historias en torno al juego de las palabras cruzadas.
Palabras en Juego les invita a releer otras historias de Lexicuentos.


























